domingo, 10 de mayo de 2009

GENOCIDIO INDIGENA - LA LUCHA POR LA TIERRA - Y LA JUSTICIA MIRANDO AL COSTADO



Después de que Adolfo Alsina muriera en 1877, el general Julio Argentino Roca fue nombrado nuevo Ministro de Guerra y prosiguió su trabajo. Pero, en contraste con Alsina, Roca creía que la única solución contra la amenaza de los indígenas era exterminarlos, subyugarlos o expulsarlos.
Para llevar a cabo este plan, el 4 de octubre de 1878 fue sancionada la ley N° 947, que destinaba 1.700.000 pesos para el cumplimiento de la ley de 1867 que ordenaba llevar la frontera hasta los ríos Negro, Neuquén y Agrio.
Mientras tanto, los jefes de sectores de fronteras realizaron diversas operaciones durante el año 1878 y comienzos de 1879, para preparar la ofensiva.

• En el Congreso se habla de “exterminar a los indios salvajes y bárbaros de Pampa y Patagonia


• Desde el gobierno de Martín Rodríguez en provincia de Buenos Aires, década de 1820, se hablaba de exterminio. Él ya decía “primero exterminaremos a los nómades y luego a los sedentarios”.


GENOCIDIO PREMEDITADO Y REPARTO DE TIERRAS:

También se citan los métodos utilizados en la campaña que concuerdan con la definición de genocidio:


• Ataques a tolderías con mujeres y niños solos en momentos en que los hombres adultos estaban en otras partidas.


• Un campo de detención en Valcheta (Línea Sur de la actual provincia de Río Negro) con alambres de púas de tres metros de alto, que encerraba a gente muriendo de hambre por no tener alimentos.


• Toma de prisioneros, traslados forzosos a pie hasta Carmen de Patagones (un puerto en la desembocadura del río Negro), en donde los embarcaban a Martín García (una isla en el río de la Plata en frente de Buenos Aires). Estos traslados pueden ser de hasta de mil km. y exterminaron a miles de personas, ya que se mataba a los que no caminaban.


• Traslados forzosos de familias a otro sitio del territorio ocurridos después de la campaña por la “policía de frontera”.


• Un segundo campo de detención en Martín García. Allí tuvieron que habilitar dos cementerios especiales en 1879.


• Separación de las familias.


• Cambios de nombres, de manera que no se pudiera reconstruir la historia familiar


• Según el informe del jefe militar Julio Roca, al parlamento, se mataron 1.323.


• ↑ Roca, muy poco después presidente, acotó ante el Congreso de la Nación, que también se habían tomado como prisioneros a 10.539 mujeres y niños y 2.320 guerreros


• ↑ [Osvaldo Bayer dijo que “Roca fue implementando la esclavitud en el frente, lo que aquella brillante Asamblea del año XIII había eliminado cuando declaró la libertad de vientres, en todos los diarios de Buenos Aires, en 1879, se pueden ver los avisos donde dice reparto de indios, recorran los diarios.

Y en La Nación del 21 de enero de 1879, un diario conservador, publicó esta crónica: ‘Llegan los indios prisioneros con sus familias a los cuales los trajeron caminando en su mayor parte o en carros, la desesperación, el llanto no cesa, se les quita a las madres sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano los hombres indios se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas, el padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización.’]


• ↑ Roca dejó el camino expedito para entregar las tierras a los nuevos propietarios, a los que ya había sido asignada antes de la operación militar mediante la suscripción de 4.000 bonos de 400 pesos, cada uno de los cuales dio derecho a 2.500 hectáreas.

Un total de diez millones de hectáreas, en consecuencia, fueron vendidas por el estado a comerciantes y estancieros bonaerenses en forma previa a la conquista de las tierras, no del "desierto", mientras que el excedente obtenido, en lotes de a 40.000 hectáreas cada uno, fue rematado en 1882 en Londres y París, dando lugar así a la aparición de los primeros terratenientes de esos orígenes en los campos argentinos.

Y como aún quedó más y nadie pensó en los aborígenes, en 1885 se cancelaron con tierras las deudas acumuladas con los soldados desde 1878, ya que llevaban siete años sin cobrar, pero como tanto los oficiales como la milicia necesitaban efectivo, terminaron malvendiendo sus partes a los mismos que habían sido los financistas primitivos, de manera tal que toda esa superficie pasó a manos de 344 propietarios a un promedio de 31.596 hectáreas cada uno. "Apropiación de la tierra a los aborígenes y genocidios en el Río de la Plata", Fernando Del Corro, periodista y docente de la UBA


• ↑ [ Osvaldo Bayer sostuvo que “es increíble la forma como se repartió la tierra después de la campaña del desierto, fíjense en el resultado que sacamos del Boletín de la Sociedad Rural Argentina fundada en 1868, fíjense que entre 1876 y 1903, en 27 años, se otorgaron 41.787.000 hectáreas a 1843 terratenientes, vinculados estrechamente por lazos económicos y familiares a los diferentes gobiernos que se sucedieron en aquel período, principalmente a la familia Roca”.

Los documentos que menciona dicen que “sesenta y siete propietarios pasaron a ser dueños de seis millones de hectáreas, entre ellos se destacaban veinticuatro de las familias llamadas patricias, que recibieron entre 200.000 hectáreas (la familia Luro) y 2.500.000 obtenidas por la familia Martínez de Hoz, bisabuelo del que iba a ser ministro de economía de la dictadura militar.]

El inicio de las masacres

Fiebre del oro

La expedición del chileno Ramón Serrano Montaner en 1879 , fue quien informó de la presencia de importantes yacimientos auríferos en las arenas de los principales ríos de Tierra del Fuego. Con este incentivo, cientos de aventureros extranjeros llegaron a la isla con la esperanza de encontrar en tan anheladas y lejanas tierras, el sustento inicial para producir auspiciosas fortuna
Sin embargo, estos sueños se verán diezmados por el rápido agotamiento del tan preciado metal.


Julius Popper


Carabina Winchester modelo 1873, con las que los matones de Popper combatían las flechas selknam.



No hay dudas, que las expediciones mineras fueron las responsables de las primeras muertes por acción directa en contra de los selknam. Entre las expediciones más conocidas, están las conformadas por el emblemático rumano Julius Popper, el tan célebre personaje, fue conocido tristemente por sus enfrentamientos con los selknam a los cuales en más de una oportunidad tuvo la osadía de perseguir, matar y robar sus pertenencias para formar su propia colección de objetos los cuales exhibió en un álbum fotográfico, incluyendo en ella una secuencia completa de un ataque perpetrado por él y su contingente de soldados con armas de fuego, hacia tolderías indígenas en San Sebastián.


Luego de las incursiones realizadas por Julius Popper en Tierra del Fuego, presentó más tarde, una conferencia el 5 de marzo de 1887 en el Instituto geográfico Argentino de Buenos Aires, sobre sus exploraciones realizadas y sobre los encuentros que tuvo con los selknam, aquí se presenta parte de dichas declaraciones:

...Corríamos tras un guanaco cuando de pronto nos hallamos frente a unos ochenta indios que, pintada la cara de rojo y enteramente desnudos, se hallaban distribuidos detrás de pequeños matorrales. Apenas los vimos una lluvia de flechas cayó sobre nosotros clavándose en torno de nuestros caballos, sin ocasionar felizmente ningún daño. En un momento estuvimos desmontados, contestando con nuestros Winchester la agresión indígena. [...] Era combate raro. Mientras hacíamos fuego, los indios, echados de boca sobre el suelo dejaban de enviar sus flechas, pero apenas cesaban nuestros disparos, oíamos nuevamente el silbido de las flechas.




Julio Popper en una de sus cacerías. A sus pies yace un ona muerto. La foto corresponde a un álbum que Popper obsequió al presidente argentino Juárez Celman.

Julius Popper, conferencia del 5 de marzo de 1887 en el Instituto Geográfico Argentino, en Buenos Aires




Ramón Lista



Contemporáneamente a la presencia de Popper en Tierra del Fuego, otra expedición auspiciada por el gobierno argentino, a cargo del oficial argentino Ramón Lista en 1886, pasaría a la historia, tras el accionar despiadado de los soldados a cargo de Lista en contra de los indígenas. Este lamentable episodio terminó con el asesinato a sangre fría de cerca de 28 selk’nam, en las cercanías de San Sebastián.
Finalmente, puede decirse que a estos episodios se suman otros tantos que dan cuenta de la marcada violencia con la que actuaron los mineros en contra de los indígenas y que lamentablemente contribuyó al exterminio de los selk'nam.


Los últimos selknam en Puerto Harris (Isla Dawson), en 1896.

Las peores masacres


La matanza de San Sebastián (28 muertos)


• Lugar: Playa de San Sebastián
• Fecha: 25 de noviembre de 1886
Es la primer masacre documentada, y se conoce con detalle, cuándo, dónde y cómo ocurrió pues fue cometida por un oficial argentino, en una misión de exploración, donde debía registrar su accionar en un diario de bitácora.

El 25 de noviembre de 1886, el capitán Ramón Lista desembarcó en la playa de San Sebastián con el fin de explorar la región. Ese mismo día se topa con una tribu ona. El capitán intenta tomarlos prisioneros, pero éstos se resisten. Lista ordena entonces a sus hombres abrir fuego y matan a 27 onas. Un sacerdote salesiano,José Fagnano10 , que acompañaba a la expedición, enfrenta a Lista y le recrimina por la matanza.

Lista amenaza con hacerlo fusilar. Días después los hombres de Lista se ensañan con un joven ona al que encontraron escondido tras unas rocas, armado tan solo con su arco y su flecha: lo asesinan de 28 balazos.


El envenenamiento de Springhill (500 muertos)


• Lugar: Playa de Springhill
• Fecha: Imprecisa, primera década del siglo XX
Una tribu ona se abalanza sobre una ballena, abandonada en la playa por un barco ballenero. En tan solo un día, gran parte de la tribu muere. La ballena había sido inoculada con veneno.


La masacre de Punta Alta (25 muertos)


• Lugar: Punta Alta
• Fecha: Imprecisa, primera década del siglo XX
Una tribu ona resistió durante casi un día el asedio de los estancieros y sus empleados, hasta que sucumbieron.


La masacre de la playa de Santo Domingo (300 muertos)


• Lugar: Playa de Santo Domingo.
• Fecha: Imprecisa, primera década del siglo XX.
Alejandro Maclennan invita a una tribu ona, a la que él había estado hostigando, a un banquete para sellar un acuerdo de paz. Durante el banquete, Maclennan sirve grandes cantidades de vino. Al comprobar que la mayoría de los indígenas se han embriagado, en especial los hombres, Maclennan se aleja del lugar y ordena a sus ayudantes, apostados en las colinas, abrir fuego contra toda la tribu.


El hallazgo del italiano (80 muertos)


Lugar: Impreciso Fecha: Imprecisa, primera década del siglo XX Un inmigrante italiano, que recorría la isla en busca de yacimientos de oro, descubre los cadáveres de unos 80 onas, todos con signos de haber sido balaceados.13


Los cazadores de indios


• Julio Popper
• Alexander McLennan
• "Mister Bond"
• Alejandro Cameron
• Samuel Hyslop
• John Mc Rae
• Montt E. Wales


Las "prácticas de tiro"


Existen testimonios que indican que durante la segunda mitad del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, los barcos que pasaban por el Estrecho de Magallanes o por la costas oriental y sur de la isla realizaban prácticas de tiro utilizando como blanco a los indios onas: cuando divisaban a lo lejos una fogata, o una toldería, disparaban contra ellas. Se ignora la cantidad de víctimas que pudieron haber causado tales prácticas.


El rol de las enfermedades


Cuando los europeos llegaron al Nuevo Mundo trajeron consigo enfermedades para las cuales los indígenas estaban completamente indefensos, pues sus sistemas inmunológicos no estaban preparados para ellas. Así, la viruela, la tuberculosis y otros males causaron gran cantidad de víctimas entre la población indígena de América y, en algunos casos, la desaparición de grupos étnicos enteros.


La cacería tenía más éxito cuando una india en avanzado estado de gravidez caía en manos de los blancos. Clavaban la bayoneta en el vientre de la indefensa, le arrancaban el feto y también a éste le cortaban las orejas. Por los dos pares recibían una recompensa mayor.


En esa época, algunos estancieros trajeron fuertes mastines de Europa. Los cazadores de hombres soltaban estos animales peligrosos cuando sorprendían o rodeaban un campamento. Los perros hacían salir a los aborígenes de su escondite para llevarlo ante los caños de los fusiles o si no herían gravemente en el cuello a los niños, que se desangraban rápidamente.


Estos "pioneros de la civilización" llegaban al extremo de inocular a los niños que podían atrapar con ciertas materias patógenas y los dejaban volver a los bosques. El fin de esta práctica era contagiar con ellas también a los adultos.
Martín Gusinde (1886-1969), religioso austríaco, realizó cuatro expediciones a Tierra del Fuego desde 1918 a 1924, bajo los auspicios del Ministerio de Instrucción Pública de Chile; resultado de ellas fue su obra Los indios de la Tierra del Fuego, publicada originalmente en alemán en 1931.


Un fenómeno completamente natural, exculpa al hombre blanco de la desaparición de numerosos pueblos aborígenes, pero se conoce al menos un caso en el que el hombre blanco usó las enfermedades de manera voluntaria y consciente para exterminar a la población indígena:


En 1763, Lord Jeffrey Amherst, comandante general de las fuerzas británicas en la guerra entre Gran Bretaña y Francia por la posesión de Quebec, obsequió a un grupo de aborígenes aliados de los franceses gran número de frazadas. Lo que los aborígenes ignoraban era que las frazadas habían sido utilizadas anteriormente en el hospital de Massachusetts, en el pabellón de enfermos de viruela: al cabo de un mes, la tribu se había extinguido por completo.


No hay indicios de que algo así haya ocurrido en Tierra del Fuego, pero sí se sabe lo siguiente:


• La Misión Salesiana, la única entidad que trabajaba en favor de los onas, y donde los onas recibían tratamiento contra la tuberculosis, solicitó insistentemente ayuda material o financiera a las autoridades de la isla, y estos siempre se lo negaron.
• Al menos en dos ocasiones, las autoridades intentaron cerrar la misión.
Se estima que en los primeros 25 años de funcionamiento de la Misión Salesiana, murieron allí unos 200 aborígenes víctimas de tuberculosis.


Juicio por genocidio


Años más tarde cuando la justicia intentó hacerse parte del conflicto por medio de un sumario (1895-1904) seguido por el Juez Waldo Seguel Cuyo proceso dejó en evidencia que las cacerías perpetradas en Tierra del Fuego no formaban parte de un mito popular y que las capturas masivas de indígenas sacados por la fuerza para ser trasladados hacia Punta Arenas, con el objeto de distribuirlos dentro de la colonia fueron también parte de las acciones que las autoridades civiles en complicidad con los ganaderos resolvían como solución al tema indígena.


Quedan libres los cerebros


Sin embargo, el proceso judicial sólo culpó a algunos operarios de estancia, quienes quedaron libres prácticamente a pocos meses del juicio, mientras que los autores intelectuales, es decir a los dueños y accionistas de las estancias:


1. Mauricio Braun
2. José Menéndez
3. Rodolfo Stubenrauch
4. Peter H. Mac Clelland


entre otros, además de la responsabilidad que recaía en el gobernador Señoret y de funcionarios como José Contardi quienes tenían la obligación de velar por el cumplimiento de la ley, nunca fueron debidamente procesados. De este modo, la justicia no se concretó a favor de los indígenas, lo que se tradujo en una condena aún mayor, su olvido.


Finalmente, luego de los enfrentamientos directos, se dio paso a un segundo plan: erradicar a todos los indígenas existentes en la isla para ser enviados a la misión de Dawson. En dicha apartada isla los indígenas sucumbieron rápidamente frente al avasallador avance de la colonización. A las innumerables mermas de población ocasionadas por las verdaderas cacerías de que fueron objeto a manos de las estancias, debía agregarse los estragos provocados por el contagio de diversas enfermedades, las que en definitiva terminaron por ocasionar un daño tanto o mayor que las cacerías humanas dirigidas.

De acuerdo a los datos de las fuentes, más de 1.500 almas en tan sólo 40 años murieron a causa de contagios y proliferación de enfermedades propias de las poblaciones colonizadoras.

criticón

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